Calor corporal como una fuente de energía

Dentro del mundo de la electrónica integrada existen tejidos textiles a día de hoy están consiguiendo una enorme popularidad: Ya se han ido elaborando métodos como pantallas de móvil inteligente que van en la manga o algún tipo de sensor con el fin de medir todo rendimiento físico en las ropas deportivas. El primordial inconveniente de todo esto es que los sistemas les hace falta alguna fuente primordial para su energía el cual se puede llevar conjuntamente encima. Científicos chinos ahora mismo están trabajando en esto para conseguir esa energía a partir de nuestro calor corporal.

El grupo de Jun Zhou procedentes de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Huazhong en China, ha incluido una termocélula elástica y aplicable asentada en 2 distintos electrolitos de gel.

La actividad muscular que nosotros ejercemos y, asimismo, el metabolismo genera que el cuerpo cree un calor constante, en el cual parte de él es liberado por medio de la piel hacía el ambiente. A raíz de la discrepancia relativamente diminuta entre la temperatura de la piel (el cual son unos 32 grados centígrados) y la del ambiente que nos rodea, no es sencillo el valerse de ese calor corporal.

Todo generador termoeléctrico antepuestos, como esos asentados en los semiconductores, crean cantidades de energía bastante diminutas, son costosas y también suelen ser muy débiles para el manejo de sistemas aplicables.

Estas termocúlulas tratan sobre soluciones electrolíticas con complejidad al momento de añadir sistemas aplicables amplios. No obstante, el grupo de Jun Zhou ha hallado la manera de solucionar ese inconveniente: Termocélulas con electrolitos asentados en el gel.

Los científicos manejan para eso el efecto de termogalvánico: Si 2 electrodos entran en contacto con alguna solución electrolítica se mantienen a distintas temperaturas, creando así una discrepancia de potencial. Los iones de 2 reducción-oxidación (redox) dentro del electrolito lograría conmutar los electrones dentro de los electrodos con temperaturas diferentes.

Con el fin de conseguir la utilización de esto para generar una corriente, los investigadores mezclaron 2 tipos de células que poseían 2 pares redox distintos. Cada una de esas células radica en 2 placas metálicas pequeñas que trabajan como electrodos, gracias al gel electrolítico entre ambos.

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