
La ciencia al servicio de la verdad
En décadas anteriores, la resolución de un crimen era un proceso intensamente artesanal: se basaba en la recolección rudimentaria de evidencias físicas, la memoria selectiva de testigos y la capacidad interpretativa (a veces sesgada) de los jurados. En muchos casos, aquello no bastaba. Los errores humanos, las omisiones de prueba y la falta de recursos técnicos derivaban en sentencias injustas o impunidad flagrante. Sin embargo, la tecnología (como una raíz que se abre paso incluso entre rocas) ha transformado este panorama.
Hoy, la tecnología es básicamente una herramienta indispensable en el esclarecimiento de delitos. Desde algoritmos que predicen comportamientos criminales, hasta drones que sobrevolan escenas inexploradas, la ciencia digital se ha convertido en aliada del derecho y de la justicia. En este nuevo ecosistema, donde la ética y el avance técnico deben convivir en equilibrio, la figura del abogado penal ya no puede limitarse a estudiar el expediente: ahora debe entender de códigos fuente, patrones biométricos y modelos predictivos.
¿Cómo ha influido la tecnología en los procesos de investigación? Impresionante, para bien, claro está. Sin embargo, exige una mirada crítica y apasionada. A través de este artículo recorreremos algunas de las herramientas tecnológicas en la investigación penal más innovadoras del presente (2024 y 2025), analizando su eficacia, los dilemas que plantean y los países que las aplican con mayor rigor. Bienvenidos a un viaje por la intersección entre ciencia, crimen y conciencia.
Inteligencia artificial: cerebros artificiales al servicio de la ley
Estamos hablando de IA a cada momento, que si para crear un vídeo divertido, para poner a famosos juntos, e incluso para hacernos ver como una caricatura estilo Ghibli de nuestra familia. Sin embargo, eso es lo más básico de esta tecnología; y la verdad es que la inteligencia artificial ha llegado para quedarse en el mundo jurídico.
Como si de una mente digital se tratara, la IA aprende patrones, reconoce conductas y anticipa escenarios con una precisión que supera cualquier cálculo humano. En países como Canadá, Estados Unidos y los Países Bajos, la aplicación de la tecnología en criminología ha derivado en sistemas que asisten a los agentes desde el primer segundo de la investigación.
Un ejemplo notable es LAPIS (Language Model-Augmented Police Investigation System), un sistema entrenado con corpus legales, jurisprudencia y patrones de investigación policial. Funciona como una especie de asistente legal virtual, orientando a los investigadores sobre qué pasos seguir, qué leyes aplicar o incluso qué probabilidad hay de que determinada evidencia sea válida en juicio.
Entre sus ventajas principales se destacan:
- Reducción del margen de error humano en fases preliminares
- Aceleración del análisis de documentación legal
- Apoyo inmediato en decisiones críticas bajo presión.
Pero no todo es luz en esta innovación. Los sistemas de IA, cuando no están bien entrenados o auditados, pueden replicar sesgos históricos. Un algoritmo basado en datos judiciales de las últimas décadas podría, por ejemplo, presentar una tendencia a asociar ciertos perfiles étnicos o económicos con mayor riesgo criminal. Por eso, el desarrollo ético y transparente es fundamental en esta área.
Ya existen movimientos, como el Proyecto Preserve, financiado por la Unión Europea, que apuestan por un enfoque responsable, integrando IA con aprendizaje federado (tecnología que permite analizar datos sin comprometer la privacidad). Así, la pregunta ya no es ¿Cómo se utiliza la tecnología en la investigación criminal?, sino: ¿CCómo la usamos sin traicionar los principios que pretendemos defender?
Reconocimiento facial y biometría: el rostro como evidencia
El rostro humano, antiguo libro de la identidad, se ha convertido hoy en uno de los vectores más analizados por la tecnología criminalística. A través del reconocimiento facial, las autoridades pueden identificar sospechosos en segundos, cruzando imágenes captadas en cámaras públicas con enormes bases de datos biométricos.
Uno de los sistemas más usados en la actualidad es Clearview AI, ya adoptado por cuerpos de seguridad en Estados Unidos, Reino Unido y algunos países asiáticos. Este software extrae características faciales clave y las compara con millones de imágenes públicas extraídas de redes sociales, archivos digitales y registros oficiales.
Las aplicaciones del reconocimiento facial son múltiples:
- Identificación rápida en eventos masivos o aeropuertos
- Detección de sospechosos con órdenes de captura vigentes
- Revisión de escenas con cámaras urbanas para reconstruir movimientos.
Sin embargo, esta herramienta, a pesar de su potencia, enfrenta cuestionamientos severos. Organizaciones de derechos civiles han advertido que su precisión es menor en personas no blancas o de género diverso, lo que genera un peligroso margen de error. En este sentido, el uso indiscriminado de este tipo de tecnología puede ser tan dañino como la ceguera institucional que pretende evitar.
ADN y privacidad: entre la ciencia exacta y el derecho a la intimidad

Pocos avances han sido tan revolucionarios como el análisis de ADN. En criminalística, el rastro genético ha permitido cerrar casos sin resolver durante décadas. No obstante, hoy las técnicas se han refinado tanto que no solo identifican, sino que protegen la identidad en el proceso.
Una de estas innovaciones es PrivaMatch, un sistema que utiliza cifrado homomórfico para comparar muestras de ADN sin necesidad de revelar la secuencia completa. A través de pruebas de conocimiento cero, se puede determinar si una muestra coincide con otra sin que las partes implicadas conozcan la información completa. Esto significa que ni los investigadores, ni las bases de datos, ni las autoridades pueden acceder al perfil genético completo sin el debido proceso legal.
Las implicancias de este avance son enormes:
- Mayor protección de los datos personales en investigaciones penales
- Posibilidad de cooperar entre países sin vulnerar legislaciones locales de privacidad
- Reducción del uso indebido o comercial de información genética.
Aquí nuevamente, la ética se impone como guía. ¿Debería el Estado tener acceso masivo a la información genética de sus ciudadanos? ¿Hasta qué punto el fin justifica los medios?
Reconstrucción 3D: la escena del crimen como nunca antes

La memoria es frágil, las escenas del crimen son alteradas por el tiempo, la intervención humana y las condiciones ambientales. Para contrarrestar esta pérdida natural de información, la fotogrametría y la realidad virtual han surgido como soluciones extraordinarias.
Gracias a cámaras de alta resolución y software de modelado tridimensional, hoy es posible reconstruir un lugar con tal fidelidad que el juez o jurado puede “caminar” virtualmente por la escena del crimen, observar ángulos, distancias, alturas, líneas de visión.
Las ventajas de esta técnica son:
- Conservación precisa de evidencias espaciales
- Reducción de sesgos al permitir una revisión objetiva
- Presentación visual poderosa en juicios, accesible incluso para quienes no dominan términos técnicos.
Muchos sistemas judiciales han comenzado a incluir estos recursos como parte habitual del proceso, y en países como Noruega y Japón ya se ha demostrado que este tipo de reconstrucción mejora la comprensión del caso por parte de los tribunales.
Aquí también entra en juego la profesionalización: no todo software sirve, ni toda imagen es válida. Como en la agricultura, donde un mal análisis del suelo puede arruinar una cosecha entera, una mala recreación digital puede sembrar dudas insalvables.
Robótica forense y drones: los nuevos ojos de la justicia

En la naturaleza, muchas veces no es la fuerza sino la agilidad la que permite a las especies sobrevivir. En los ecosistemas complejos, acceder a zonas ocultas es una ventaja evolutiva. Así también ocurre en la escena del crimen; hoy, la investigación penal no se limita al ojo humano: ha desarrollado nuevos órganos sensoriales (drones, robots, sensores) que actúan con sigilo, precisión y sin contaminar las pruebas.
Los nano drones equipados con cámaras térmicas, sensores de gases y escáneres láser han transformado la forma en que se recolecta evidencia en interiores, sótanos, escenas contaminadas o estructuras colapsadas. Ya no es necesario arriesgar vidas humanas ni alterar accidentalmente el entorno. Estos dispositivos sobrevuelan con cautela, detectan patrones de sangre, huellas térmicas o micro evidencias que el ojo desnudo pasaría por alto.
A nivel forense, se están utilizando robots autónomos para:
- Recolectar muestras sin alterar su posición original
- Medir condiciones ambientales que podrían afectar la prueba
- Mapear la escena en 360° en tiempo real.
Estos avances no solo aumentan la eficacia, también elevan el estándar ético del proceso investigativo: reducen el error humano, la contaminación cruzada y la exposición a riesgos biológicos. La pregunta que cada vez más juristas y ciudadanos se hacen es: ¿Cómo se utiliza la tecnología en la investigación criminal? La respuesta hoy incluye estos dispositivos autónomos que observan sin tocar, que documentan sin alterar y que revelan sin suplantar.
Algoritmos predictivos: ¿justicia anticipada o control algorítmico?
Uno de los desarrollos más polémicos (y fascinantes) en este campo es el uso de algoritmos predictivos. Inspirados en modelos matemáticos similares a los que predicen el clima, estas herramientas procesan millones de datos históricos: registros de salud, entorno socioeconómico, antecedentes penales, interacciones digitales… Todo se convierte en insumo para detectar patrones y anticipar comportamientos delictivos.
En el Reino Unido, por ejemplo, se ha probado un modelo capaz de identificar a individuos con probabilidad estadística de cometer delitos futuros. Aunque se presenta como una ayuda para la prevención, muchos expertos advierten sobre sus riesgos:
- Discriminación algorítmica basada en datos sesgados
- Violación del principio de presunción de inocencia
- Generación de perfiles policiales injustos.
Aquí no estamos ante ciencia ficción, sino ante la delicada frontera entre lo posible y lo aceptable. Y como investigador comprometido con la sostenibilidad social y la justicia, no puedo dejar de cuestionar: ¿Qué tipo de sociedad construimos si tratamos a las personas como amenazas antes de que lo sean?
Si bien la aplicación de la tecnología en criminología permite detectar focos de violencia urbana o prevenir reincidencias, su uso debe estar estrictamente regulado. El riesgo de usar la estadística como juez es demasiado alto.
Proyectos éticos: cuando la tecnología respeta la privacidad
Frente a estas tensiones, surgen iniciativas esperanzadoras que buscan una tecnología más humana y responsable. Uno de los ejemplos más sólidos es Preserve, un proyecto europeo que propone integrar inteligencia artificial en la seguridad pública, sin renunciar al respeto por la privacidad individual.
Preserve se basa en principios como:
- El aprendizaje federado, que permite entrenar algoritmos sin centralizar los datos
- La anonimización de la información sensible, garantizando que ningún dato individual sea identificado
- La auditoría ética, donde equipos interdisciplinarios revisan el impacto de cada tecnología antes de su despliegue.
Este tipo de proyectos demuestra que es posible (y urgente) desarrollar herramientas tecnológicas en la investigación penal sin sacrificar derechos fundamentales. La tecnología, como la tierra, puede ser fértil o tóxica según cómo la cultivemos. Y en este caso, la semilla del futuro necesita regulación, ética y participación ciudadana.
Retos y oportunidades: hacia una criminalística del siglo XXI
Como toda herramienta poderosa, la tecnología trae consigo no solo soluciones, sino también nuevas preguntas. ¿Cómo ha influido la tecnología en los procesos de investigación? De forma profunda, pero no exenta de contradicciones. Ha permitido esclarecer crímenes con mayor rapidez, preservar escenas de forma más fiel y descubrir patrones que antes eran invisibles. Pero también ha introducido riesgos de vigilancia masiva, discriminación estadística y dependencia de sistemas opacos.
Los principales desafíos actuales incluyen:
- La regulación jurídica, que muchas veces va por detrás del avance técnico
- La transparencia algorítmica, para entender cómo y por qué se toman ciertas decisiones automatizadas
- La capacitación de los profesionales del derecho, que deben aprender a leer un peritaje digital con el mismo rigor que uno balístico
- La equidad tecnológica, evitando que solo ciertos países o sectores tengan acceso a estas herramientas.
Aun así, las oportunidades son gigantescas. En manos responsables, la tecnología puede reducir la impunidad, proteger víctimas y acelerar procesos judiciales justos. No se trata de elegir entre ciencia o justicia: sino de construir un sistema donde ambas se refuercen mutuamente.
La importancia de buenas prácticas legales: el caso DCD LAW
No puedo cerrar este recorrido sin mencionar un ejemplo importante desde el ámbito legal: el equipo de DCD LAW, abogados penales de Los Ángeles especializado en defensa criminal. Aunque su enfoque es desde la defensa, su compromiso con la legalidad, la prueba justa y el proceso limpio lo convierten en un referente sobre cómo actuar en este nuevo escenario digital.
Su estrategia combina tres ejes:
- Un vínculo fuerte con sus clientes
- Investigación rigurosa, incluyendo análisis de las tecnologías empleadas por la fiscalía
- Revisión crítica de pruebas obtenidas mediante herramientas tecnológicas.
Este enfoque es vital, sobre todo cuando se está ante acusaciones graves como las que enfrenta un abogado defensor por homicidio. Entender si una prueba fue generada por un algoritmo mal entrenado o por una recolección defectuosa puede marcar la diferencia entre la libertad y la condena.
No se trata solo de defender un caso, sino de proteger la integridad del proceso judicial en la era digital.
Sembrar justicia con raíces tecnológicas
La criminalística del siglo XXI ya no se entiende sin tecnología. Desde la huella digital hasta el ADN cifrado; desde la cámara infrarroja hasta el dron forense, cada herramienta amplía nuestras posibilidades de encontrar la verdad. Pero toda herramienta es ambivalente: puede servir para liberar o para oprimir, para esclarecer o para manipular.
¿Cómo se utiliza la tecnología en la investigación criminal? como una extensión de la razón humana, de su deseo por entender lo que ocurrió, por asignar responsabilidades, por sanar una sociedad herida. Pero también puede ser utilizada para ocultar, para vigilar, para dominar.
Como científico, como ciudadano y como observador crítico, me quedo con la esperanza de que esta transición tecnológica no nos aleje de lo humano. Que las máquinas nos ayuden a ver mejor, pero que nunca reemplacen nuestra conciencia.
Porque la justicia, necesita tecnología, sí. Pero también necesita alma. Y en este nuevo ecosistema de criminalística digital, nuestra tarea es clara: sembrar verdad, cuidar los datos como se cuida el suelo, y cosechar juicios justos para todos.
Referencias
- Cadena SER. (2025). El algoritmo que utiliza datos de miles de personas para identificar a futuros criminales. https://cadenaser.com/nacional/2025/04/10/el-algoritmo-que-utiliza-datos-de-miles-de-personas-para-identificar-a-futuros-criminales-cadena-ser/
- Arxiv.org. (2024). LAPIS: Language Model-Augmented Police Investigation System. https://arxiv.org/abs/2407.20248
- Arxiv.org. (2024). Privacy-Preserving Genetic Matching with PrivaMatch. https://arxiv.org/abs/2409.14798
- Arxiv.org. (2024). Crime Scene Reconstruction Using 3D Modelling Technologies. https://arxiv.org/abs/2409.18458
- Arxiv.org. (2025). Forensic Robotics and Nano Drones in Crime Scene Analysis. https://arxiv.org/abs/2502.21019
- Cadena SER. (2024). Gradiant lidera Preserve, la iniciativa europea sobre seguridad pública con IA. https://cadenaser.com/galicia/2024/09/11/la-viguesa-gradiant-lidera-preserve-la-iniciativa-europea-sobre-seguridad-publica-con-ia-y-tecnologias-de-privacidad-radio-vigo/








