
La Tierra es un susurro en la inmensidad del cosmos, un pequeño punto azul en un océano de polvo estelar y rocas errantes. En este escenario de colisiones cósmicas, donde los astros dictan su propia danza, un visitante indeseado ha captado nuestra atención: el asteroide 2024 YR4. Su nombre es apenas un código frío y matemático, pero detrás de él se esconde una realidad que, aunque remota, no deja de ser inquietante.
Los titulares sensacionalistas han hecho su trabajo. «Asteroide asesino«, «el impacto más grande jamás pronosticado«, «el fin de una era«. La incertidumbre, como un viento que agita las hojas secas, aviva el miedo colectivo. Pero la ciencia no se deja llevar por pasiones ni por especulaciones.
Observa, mide y calcula, y lo que nos dice hasta ahora es que la probabilidad de impacto del asteroide 2024 YR4 en 2032 oscila entre el 1,5 % y el 2,6 %. Cifras pequeñas, casi insignificantes, pero que evidentemente, no pueden ser ignoradas. La posibilidad de que un fragmento de piedra cósmica del tamaño de un avión impacte contra nuestro planeta no es un juego.
Si bien la mayor parte de los asteroides que han cruzado nuestro cielo han terminado desintegrándose en la atmósfera, la historia nos recuerda que no siempre es así. Ahí están Tunguska en 1908 y Cheliábinsk en 2013 como recordatorios de que, aunque improbables, estas amenazas son reales. Y ahora, con el 2024 YR4 en la mira de astrónomos y agencias espaciales, surgen preguntas inevitables: ¿Qué tan peligroso es realmente? ¿Cuáles son las zonas de impacto del asteroide 2024 YR4 en la Tierra si llegara a ocurrir lo impensable? ¿Estamos preparados para desviar una roca de este calibre?
¿Qué sabemos sobre el asteroide 2024 YR4?
Este intruso espacial fue descubierto en diciembre de 2024 por el sistema de telescopios ATLAS en Chile. Su diámetro estimado varía entre 40 y 90 metros, un tamaño similar al del meteorito de Tunguska, que arrasó más de 2.000 km² de bosque siberiano hace más de un siglo. Sin embargo, lo que más preocupa a los científicos no es su tamaño, sino su trayectoria.
El 2024 YR4 sigue una órbita de aproximadamente cuatro años alrededor del Sol, lo que lo sincroniza peligrosamente con el recorrido de la Tierra. Es un asteroide de tipo Apolo, lo que significa que su trayectoria lo hace cruzar repetidamente nuestra órbita. Y aquí está el punto clave: los cálculos iniciales sugieren que el 22 de diciembre de 2032, en plena víspera navideña, su órbita podría alinearse con la de nuestro planeta.
Este evento es lo que ha hecho que la probabilidad de impacto del asteroide 2024 YR4 en 2032 sea el foco de tantas discusiones. Aunque el margen de error es grande, el simple hecho de que exista una posibilidad real ha puesto en alerta a la comunidad científica.
Posibilidades reales de colisión: ¿deberíamos preocuparnos?

Si nos guiamos por la estadística pura, las posibilidades de colisión del asteroide son bajas. En estos momentos, la probabilidad de que este objeto impacte la Tierra en 2032 está entre el 1,5 % y el 2,6 %. Parece poco, pero cuando hablamos de eventos catastróficos, cualquier número mayor a cero es suficiente para encender las alarmas.
Es importante recordar que cada nueva observación afina los cálculos. La historia nos dice que muchos asteroides que parecían peligrosos en su descubrimiento terminaron siendo descartados tras un análisis más preciso. Eso podría ocurrir con el 2024 YR4. Sin embargo, mientras no se descarte por completo, las agencias espaciales seguirán de cerca cada uno de sus movimientos.
Aquí es donde el NASA y ESA monitoreo asteroides se convierte en los actores más importantes. Estas agencias, junto con otras instituciones científicas, están empleando telescopios y modelos matemáticos para calcular con exactitud su trayectoria. Cada nueva medición puede hacer que la probabilidad de impacto aumente o, por el contrario, desaparezca.
¿Dónde impactaría? Las zonas de riesgo en el mapa

Si el 2024 YR4 llegara a golpear la Tierra, ¿Dónde lo haría? La respuesta no es sencilla.
Hasta ahora, las zonas de impacto del asteroide 2024 YR4 en la Tierra incluyen grandes extensiones del océano Pacífico, América del Sur, el océano Atlántico y parte de Asia. Entre los países potencialmente afectados se encuentran Ecuador, Venezuela, India, Pakistán y Bangladesh.
En el peor de los escenarios, un impacto en una zona densamente poblada significaría una tragedia sin precedentes. Un asteroide de este tamaño no causaría una extinción global, pero sí devastaría cualquier ciudad sobre la que caiga. La energía liberada equivaldría a la de una bomba nuclear, lo que provocaría una onda expansiva letal en un radio de varias decenas de kilómetros.
¿Podemos hacer algo para evitarlo?
Aquí es donde entran en juego las misiones de deflexión asteroidal. Hasta ahora, la única prueba real de una tecnología capaz de desviar un asteroide fue la misión DART de la NASA en 2022, que logró alterar la órbita de un pequeño asteroide al estrellarse contra él.
Sin embargo, repetir esa hazaña con un objeto como el 2024 YR4 es otra historia. Para desviar un asteroide de este tamaño con suficiente antelación, se necesitarían tecnologías mucho más avanzadas o incluso explosivos nucleares para modificar su trayectoria.
Si se confirma que el riesgo de impacto sigue en pie en los próximos años, la comunidad científica podría plantear seriamente una misión de este tipo. Pero aquí entra otro problema: el tiempo. Diseñar, construir y lanzar una nave de deflexión requiere años de planificación. ¿Llegaríamos a tiempo? Esa es la gran incógnita.
¿Es momento de preocuparnos?
La probabilidad de impacto del asteroide 2024 YR4 en 2032 es baja (hoy 20/02/2025 bajó a 1,5% según la NASA), pero el solo hecho de que exista un riesgo ha puesto en alerta a la comunidad científica. Por ahora, el monitoreo continuará y las cifras seguirán ajustándose.
Lo que este evento nos deja claro es que, como civilización, aún estamos en pañales cuando se trata de defendernos de amenazas cósmicas. Contamos con herramientas de detección y modelado orbital cada vez más avanzadas, pero nuestras opciones para desviar un asteroide siguen siendo limitadas.
Si algo bueno puede salir de este escenario, es el impulso para invertir más en ciencia, en tecnología espacial y en el desarrollo de mejores estrategias para enfrentar estos peligros. Porque, aunque el 2024 YR4 termine siendo inofensivo, otros vendrán. Y tarde o temprano, la Tierra volverá a estar en la mira de otro viajero estelar. La pregunta es: ¿estaremos preparados para cuando llegue ese día?








