¿Bacterias intestinales contra el efecto invernadero?

bacterias intestinales
La escherichia coli está siendo estudiada como posible ayuda para evitar el calentamiento global.

¿Imaginas usar bacterias intestinales para revertir el efecto invernadero? Pues un reciente estudio hecho en Israel busca la posibilidad de hacerlo, entérate cómo, a continuación

De acuerdo con el Grupo Intergubernamental sobre el Cambio Climático, el CO2 es el gas de efecto invernadero dominante que calienta la tierra, el cual proviene del uso de combustibles fósiles, causando el 65% de las emisiones causantes del calentamiento global.

Mientras otro 11% procede de las actividades humanas de deforestación y usos agrícolas del suelo.

A pesar de los múltiples intentos para generar conciencia sobre las consecuencias del cambio climático, las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero siguen aumentando día a día.

Es por esto que en los últimos años, los científicos han trabajado para aplicar los más recientes avances de ingeniería genética a esta área. 

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Segun investigaciones realizadas, esperan poder convertir el dióxido de carbono atmosférico, o CO2, en productos útiles para los seres humanos, como alimentos, combustibles y productos químicos.

Teniendo como meta final, superar la capacidad natural de absorción que tienen las plantas.

¿Bacterias Intestinales reprogramadas?

En un estudio publicado en la revista Cell, investigadores Israelíes informaron la “reprogramación” de una cepa de la bacteria Escherichia coli, o E. coli.

Como resultado de esta investigación, se pudo determinar que la «reprogramación» de esta bacteria permitiría que la misma consuma CO2 para obtener energía en lugar de compuestos orgánicos como azúcares y grasas.

Sin embargo, el estudio advierte con especial importancia, que “el proceso actualmente produce más CO2 del que consume”.

No obstante, el equipo de investigación espera que su trabajo permita proporcionar una base para fuentes de energías en el futuro.

¿En que se basa el trabajo?

Este trabajo, se basó en el prototipo de Daniel Nocera, quien había creado una bacteria mediante ingeniería genética

Básicamente la bacteria llamada Ralston Eutropha, fue desarrollada artificialmente con el fin de absorber hidrógeno y dióxido de carbono, y posteriormente, convertirlos en combustible a base de alcohol.

De esta forma, Ron Milo, coautor del trabajo puntualizó:

“nuestro laboratorio fue el primero en perseguir la idea de cambiar la dieta de un heterótrofo normal para convertirlo en autótrofo”.

Ademas destacó que “parecía imposible al principio, pero nos ha enseñado numerosas lecciones en el camino, y al final demostramos que sí se puede hacer».

Nuestros hallazgos son un hito importante hacia el objetivo de tener aplicaciones científicas eficientes y ecológicas”. En otras palabras, convertir un heterótrofo en un autótrofo con el fin de consumir CO2.

En biología sintética, los científicos se han esforzado por crear heterótrofos, como E. coli, en el laboratorio que potencialmente frenaría los impactos del calentamiento global causado por las emisiones de dióxido de carbono.

Bacterias intestinales, ¿cómo enseñarlas?

En el estudio, los científicos explican que, durante varios meses, hicieron evolucionar progresivamente la cepa para hacer que las bacterias fueran más dependientes del CO2, en lugar de los azúcares, para su crecimiento.

“Enseñar a una bacteria intestinal a hacer los trucos de la reconectar los procesos metabólicos plantas, era una posibilidad remota”, dijo Shmuel Gleizer, primer autor del estudio e investigador del Instituto de Ciencia Weizmann.

“Además, fue sorprendente ver el número relativamente pequeño de cambios genéticos necesarios para hacer esta transición”, añadió.

Conclusiones Finales

Como se mencionó anteriormente, esta investigación aún se encuentra en desarrollo y cuenta con un «talón de Aquiles».

Asimismo, señalan que se requiere más investigación para ver la posibilidad de escalar la propuesta a nivel industrial. Por ahora, los investigadores describieron el estudio como un “trampolín” hacia tipos de producción más sostenibles.

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